Era una mujer corriente .No sobresalía por nada en su
físico, más bien tosca achaparrada aunque aún en una edad
intermedia , ni joven ni mayor. Robusta
sin llegar a obesa, con una medio melena de un marrón pardo, surcada por alguna
que otra gruesa cana desde la raíz hasta el borde del cuello.
No destacaba tampoco por su forma de vestir : vaqueros desgastados, negros o azules
según el día y largos jerséis gruesos
de punto irlandés , a veces grises a veces blancos ,pero de un color
siempre mal definido ,unas dos tallas más grandes de lo necesario, cuyos puños
le cubrían las manos, como improvisados guantes.
Solía decir que así era más práctico, que no los perdía nunca.
Usaba botas de cuero recias pero con la suela fina
.Explicaba que era para poder sentir mejor los pedales.
Porque eso era en lo que destacaba en ella ,con eso sí que llamaba la atención ,cuando
se bajaba de aquel trailer que podía transportar cinco toneladas de mercancía ,que
era de ella ,que le pertenecía y con él que surcaba aquel inmenso país de
norte a sur y de este a oeste ,de mercado en mercado ofreciéndose para llevar
lo que fuera dónde fuera a un precio razonable y en tiempo récord.
Chocaba verla bajar de aquel armatoste de cabina roja vino ,acharolada y remolque de un blinco ágil , de tal forma que parecía impulsada por un resorte,
como si el vehículo harto de su compañía la echará fuera por un rato , sin muchas contemplaciones .
Entonces entraba en el bar de turno de carretera .A veces se
sentaba con algunos compañeros del gremio que la acogían como a uno más del
grupo. Era querida. Se sabía de su profesionalidad y aunque ella nunca había
tenido ninguna avería, ni percance serio
,era voz populi que había ayudado
en alguna ocasiones en grandes accidentes ,llegando incluso a salvar alguna
vida, con su rápida intervención al apagar el fuego de un monstruoso motor en
llamas y rescatar al inconsciente conductor .
Otros días prefería sentarse sola y apartada y su deseo de
ensimismamiento era respetado. A lo sumo alguien que no la conocía aún mucho, la
invitaba a unirse al grupo ,y ella
declinaba la invitación con un gesto de cabeza .
“_¿Qué un mal día?
-Si eso ,un mal día, respondía de mala gana…y seguía comiendo su menú ,eso sí sin dejar nunca ni un
resto en el plato y acabando siempre con un café muy cargado y otro en vaso de
cartón para llevar.
Nadie conocía mucho de su pasado, hablaba poco de sí misma
aunque no tenía inconveniente en ir hablando por su emisora, encajando y
devolviendo las pesadas bromas de sus colegas de gremio o contando chistes
igual o más subido de tono.No se le conocía relación alguna con hombre o mujer,
y se pensaba que no vivía en ninguna parte ,
que hacia vida en el camión o de
Motel en Motel.
Circulaba sobre ella una leyenda que contaba que había sido marine
y que se había casado con un marine también ,pero que esté había sido asesinado en una
emboscada en Afganistán y que con el dinero de la indemnización decidió comprar
el camión ,dejar la armada madelciendola
y decidiendo ganarse así la vida ,en la carretera ,como camionera.
Y no debía de irle mal a tenor de los viajes que hacía ,se
podía ver por cualquier rincón del país ,día tras día ,año tras año,sin que
pareciera tener necesidad de parar o descansar nunca .
Ni en Navidades ,cuando
la mayoría de los transportistas paraban ,ella trabajaba más que nunca
aceptando portes imposibles por carreteras nevadas o heladas .Parando en
restaurantes de carretera la mayoría de las veces vacíos o con el borracho
solitario de turno acodado a la barra ,ahogando sus penas solo y metiéndose a
ratos con la cansada camarera de inefables rizos rubios y delantal blanco
ribeteado de rojo con chapita y nombre en la solapa.
“-¡Lo que hay que aguantar!
-Eso…
Qué sabría aquella chica lo que era aguantar…Siempre que
veía a alguien en aquello tesitura, recordaba la vez que accedió a hacer un
porte para una ONG. Se trataba de llevar agua a una zona devastada de Colombia
por una catástrofe natural. Desconocía en qué estado habían quedado las ya precarias
carreteras , pero no lo pensó mucho y allá que partió
con el cargamento de miles de botellas de tres litros de agua. No sabía a qué
riesgos se iba a enfrentar exactamente, pero intuía que en aquellas circunstancias,
el agua potable,podía ser tan valiosa como el oro o la coca que circulaban por
aquel país.
Por eso decidió ir armada .Tenia un viejo rifle de caza , más como recuerdo sentimental que como arma
real, un arma corta .,y una granada que guardaba como sentimental
recuerdo de su difunto ,el cual en un alarde de tonto romanticismo ,la había
robado para ella un día de San Valentín , juzgándose el puesto y el tipo con tal de ser original .
Él
era así ,por eso lo quería y por eso también sabía que no encontraría a nadie
igual ,jamás.
La carretera, lo que quedaba de ella era un amasijo de barro
y troncos arrancados de cuajo .Tuvo que apearse del camión y despejarla en más
de una ocasión .En otras la ruedas patinaban amenazando con no avanzar más y
tuvo que circular con seis ruedas en la calzada y las otras seis al aire sobre el precipicio .
Fue entonces cuando los
vio,al volver de una curva cerrada. Una emboscada de unos diez guerrilleros, armados
hasta los dientes , se plantaron
delante y detrás del camión .Podía haber acelerado y haber se los llevado por delante ,
pero sendos jeeps bloqueaban el camino.
Paró en seco, se pasó de la cabina al remolque, cogió el
fusil y en una mano y la granada en otra y accionó el portón trasero del
camión.
“_¡Coged una garrafa por cabeza y dejadme seguir ,después de
todo esta agua es para los vuestros …si disparáis suelto la granada y ni para
mí ni para nadie ,a tomar por culo el agua!
“-Vale, vale catira ,como quiera …nos parece bien el trato…”
Por esta historia se cree que la llamaban Janny Watter.
Eso cuenta la leyenda
de Jenny Watter.